UNA PALABRA QUE HABLA DE COSECHA
La palabra otoño procede del latín autumnus, nombre con el que se identificaba esta estación y que quedó asociado al tiempo de la cosecha. Existe además una antigua interpretación que relacionó autumnus con auctus, “aumento” o “crecimiento”.

La asociación resulta sugerente.
Porque el otoño no habla solamente de lo que cae; habla también de lo que ha madurado.
Antes de que una hoja abandone el árbol ha cumplido su función. Antes de que un fruto llegue a nuestra mesa hubo una semilla, tierra, cuidados, paciencia y espera.
Quizá por eso el otoño tiene algo que decirnos.
Nada verdaderamente valioso madura de un día para otro.
LA VIDA TAMBIÉN TIENE OTOÑOS
Hay momentos en la vida en los que, casi sin darnos cuenta, descubrimos que una etapa está llegando a su fin. Los hijos crecen y la casa cambia de ritmo; una responsabilidad profesional termina; aparecen nuevos proyectos; llegan los nietos; cambiamos de lugar, de prioridades o de manera de mirar el mundo. A veces, incluso, nos toca aprender a vivir con una ausencia.

Son cambios que no siempre elegimos y que, en ocasiones, nos producen la sensación de estar perdiendo algo que nos era profundamente familiar.
Tal vez por eso la imagen del otoño resulta tan poderosa.
Un árbol desnudo podría parecer, a primera vista, un árbol al que le falta algo. Sin embargo, sabemos que no ha dejado de ser árbol. Ha entrado, sencillamente, en otra etapa de su ciclo.
Con nosotros sucede algo semejante. Una mujer no deja de ser madre cuando sus hijos crecen; simplemente descubre una nueva manera de ejercer ese amor. Una pareja no deja de construir su matrimonio cuando cambia la dinámica familiar; aprende a encontrarse desde otro lugar. Una persona no pierde su valor cuando termina una actividad profesional; tiene delante la posibilidad de descubrir capacidades que antes no había tenido tiempo de desarrollar.

La vida cambia de forma, pero no necesariamente pierde su sentido.
Y quizá una de las grandes lecciones del otoño sea ésta: no todas las transformaciones deben ser temidas. Algunas vienen a revelarnos quiénes podemos llegar a ser.
EL ARTE DE SOLTAR
Hay algo profundamente sereno en la manera en que los árboles dejan caer sus hojas.
No luchan contra el cambio. No intentan conservar indefinidamente lo que ya cumplió su función. Cuando llega el momento, simplemente lo dejan ir.
También nosotros llevamos cosas que alguna vez fueron necesarias y que quizá hoy ya no lo son. Guardamos objetos, compromisos, preocupaciones, expectativas, culpas e incluso ciertas ideas sobre cómo debería ser nuestra vida.

Madurar también consiste en aprender a distinguir.
No todo lo que hemos acumulado merece acompañarnos siempre.
Algunas cosas deben permanecer porque forman parte de nuestra historia. Otras pueden convertirse en memoria. Y algunas, sencillamente, necesitan caer para que exista espacio para lo que sigue.
| 🍂 PARA REFLEXIONAR
¿Qué necesito conservar? ¿Que necesito dejar caer? ¿Qué quiero agradecer antes de terminar el año? ¿Qué espacio necesito abrir para algo nuevo? |
UNA CASA QUE TAMBIÉN CAMBIA
El otoño puede entrar en casa sin grandes gastos ni transformaciones. Basta con mirar alrededor y observar cómo la naturaleza puede convertirse en nuestra mejor aliada para crear una atmósfera cálida y elegante.
Una rama seca sobre una mesa, unas pequeñas calabazas, hojas recogidas durante un paseo, granadas, manzanas, peras, nueces o castañas pueden convivir con nuestras piezas habituales y adquirir una nueva vida. Unas velas encendidas al caer la tarde y textiles en tonos tierra —ocre, terracota, cobre, vino o verde oliva— pueden cambiar por completo la sensación de un espacio y el cambio ayuda a que hay alguien cuidando de la casa.
Una mesa otoñal no necesita abundancia. Necesita armonía.
Y quizá ahí encontramos otra enseñanza de Management del Hogar Contemporáneo: no siempre hace falta comprar para crear belleza. A veces basta con observar, combinar, reutilizar y aprender a descubrir nuevas posibilidades en aquello que ya tenemos.
EL OTOÑO LLEGA A LA MESA
En México, octubre trae consigo sabores que parecen pertenecer naturalmente a esta estación: la calabaza, la mandarina, la guayaba, la manzana, la pera y el tejocote.
Pero hay un ingrediente que guarda de manera especial la memoria del otoño mexicano: la calabaza de Castilla.
Su presencia en nuestra alimentación se remonta a tiempos mesoamericanos y continúa formando parte de nuestras cocinas, particularmente durante las celebraciones de Día de Muertos.
Cuando llega a la mesa, no llega solamente un alimento.
Llega una historia.
| 🎃 CALABAZA EN TACHA El sabor dulce de una tradición mexicanaIngredientes Un kilo de calabaza de Castilla, cuatrocientos gramos de piloncillo, dos ramas de canela, dos clavos de olor, una taza de agua y, si se desea, un poco de cáscara de naranja. Preparación |

CUANDO EL OTOÑO VIAJA
El otoño también demuestra que la cocina viaja y que cada cultura encuentra su propia manera de celebrar la estación.
En Estados Unidos, el pumpkin pie se convirtió en uno de los grandes símbolos de las reuniones familiares de otoño. Italia encuentra en la calabaza, los hongos, las castañas y el arroz algunos de sus sabores más reconfortantes; Francia convierte la calabaza en cremas delicadas y cálidas, mientras Japón celebra la temporada alrededor de las castañas, el camote, las setas y otros productos que expresan la esencia de la estación.

Lo interesante no es solamente descubrir nuevos platillos, sino llevarlos a nuestra mesa sin perder nuestras raíces.
Porque la cocina también puede ser una conversación entre culturas.
| 🍁 UNA MESA QUE CUENTA UNA HISTORIA
Un menú para recibir el otoño
|

LA MESA COMO LUGAR DE ENCUENTRO
Antes de que llegue la sucesión de celebraciones de Día de Muertos, Thanksgiving y Navidad, el otoño nos ofrece una pequeña pausa.
Preparar una comida sencilla, poner la mesa con cuidado, encender una vela y sentarnos sin prisas puede convertirse en una de esas pequeñas tradiciones que terminan formando parte de la memoria familiar.

Porque la hospitalidad no depende de la perfección.
Depende de hacer sentir al otro que hay un lugar preparado para él.
Y en una época en la que muchas veces compartimos imágenes, mensajes y noticias sin detenernos verdaderamente a conversar, sentarse alrededor de una mesa puede convertirse en un verdadero acto de encuentro.
| CINCO PREGUNTAS PARA ESTE OTOÑO Una pausa para mirar hacia dentro:¿Qué agradezco de este año? ¿Qué aprendí que antes no sabía?¿Qué quiero conservar porque sigue dando fruto en mi vida?¿Qué necesito dejar atrás para vivir con mayor libertad? ¿Qué quiero sembrar para la próxima etapa? No se trata de encontrar respuestas perfectas. Se trata de permitirnos pensar, escuchar y reconocer dónde estamos…… |

EL OTOÑO DE NUESTRA VIDA
Existe una expresión que habla del “otoño de la vida”. Durante mucho tiempo se utilizó para nombrar la madurez como si fuera solamente una etapa de despedidas. Pero quizá podamos mirarla de otra manera, es el tiempo en que la naturaleza muestra aquello que ha conseguido madurar, caminar hacia la plenitud.

Hay etapas de la vida en las que tenemos más historias, más experiencia y una mayor capacidad para distinguir lo importante de lo urgente. Con el paso de los años, algunas cosas pierden su brillo y otras adquieren un valor que antes no sabíamos reconocer.
La madurez puede enseñarnos que no todo merece nuestra preocupación, que algunas prisas ya no tienen sentido y que la verdadera riqueza muchas veces está en aquello que no aparece en una cuenta bancaria: una familia reunida, una conversación pendiente, una amistad que permanece, una casa donde alguien puede sentirse bienvenido, una tradición que todavía podemos transmitir.
Tal vez ya no necesitemos tener todas las respuestas.
Tal vez hayamos aprendido algo mucho más valioso: a disfrutar de las preguntas.
UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN
Cada otoño nos habla de una manera distinta.
A unos les recuerda lo que terminó. A otros, lo que comenzó. Para algunos será una estación de cosecha; para otros, un momento de hacer espacio. Pero todos podemos encontrar en ella una invitación a mirar nuestra propia vida con mayor serenidad.
Cuando una hoja cae, el árbol no se queda vacío.
Guarda dentro de sí la fuerza para atravesar el invierno y la posibilidad de volver a florecer.
Quizá nosotros también necesitemos recordar esto…
Hay etapas que terminan sin que eso signifique que nuestra historia terminó. Hay cosas que se van porque han cumplido su misión. Hay espacios que quedan vacíos para que algo nuevo pueda llegar.

Por eso, este otoño, en lugar de preguntarnos únicamente qué hemos perdido, podríamos preguntarnos qué hemos cosechado.
Qué hemos aprendido. A quién hemos amado. Qué hemos podido dar. Qué queremos conservar. Y qué, finalmente, estamos preparados para dejar ir.
Porque la vida, como las estaciones, no nos pide permanecer siempre iguales.
Nos pide crecer, transformarse y seguir dando fruto, Cúal es tu creencia de ete tema, por que ese va a ser la forma de transitar este otoño y el otoño de tu vida.
Y quizá el verdadero arte de vivir consista justamente en eso: aprender a reconocer cada estación, disfrutar sus colores, agradecer sus frutos y aceptar con serenidad que, después de cada otoño, llegará nuevamente la primavera.
Que este otoño nos encuentre agradecidos por lo vivido, serenos ante los cambios y con el corazón dispuesto para lo que todavía está por florecer.
Cuéntame en los comentarios como ves tu el otoño ….. Muchos Saludos !!


Leave A Comment